Des que vaig accedir a la jubilació, un dels meus entreteniments ha estat la lectura i sobretot escriure, cosa que sempre m’ha agradat. La meva inclinació per la banca va sorgir als vuit anys perquè passava les vacances d’estiu al poble del meu avi matern ja jubilat, que exercia de corresponsal del Banesto en Atzeneta d’Albaida (València).
Xecs, pagarés i lletres de canvi passaven per les seves mans, a part de diners en metàl·lic. Diguem-ne que jo li donava un cop de mà i que per a mi era una distracció que, al pas de temps, es va convertir en la meva professió. Ell va ser el primer que em parlava del tema Espanya/Catalunya i la repressió acabada la guerra civil, que ell mateix va patir, en ser degradat de cap d’estació de ferrocarril a Gandia (zona republicana) a Calaf com a factor. Allà els meus pares en van conèixer i s’hi van casar.
Ja en aquell temps em deia que Espanya era un país estrany, havia perdut el seu imperi i només li quedava Guinea, Marroc i el Sàhara, però que sobretot ja existia, aleshores, una mena de mania a tot el que fos basc o català i no sols per una qüestió idiomàtica.
Amb el temps m’he convertit en un independentista convençut, en veure el maltractament que patim els ciutadans de Catalunya, siguin independentistes o no, cosa que aquests últims ignoren, són masoquistes o estan molt ben adoctrinats pels partits, sindicats, mitjans de comunicació i el deep state existent.
He publicat molts articles en diversos mitjans sobre el tema del procés, iniciat a causa, sobretot, per la sentència del Constitucional espanyol sobre l’Estatut, que no és l’original ni el que vàrem votar en referèndum.
Avui, però, cediré la paraula a un polític basc i la seva visió sobre el tema. Es tracta d’Iñaki Anasagasti i la seva publicació de data dilluns 22 de març de 2021 i que m’ha fet arribar un bon amic de Madrid. L’afegeixo tal qual i sense traduir-ho al català. D’entrada els podrà sorprendre el títol, però val la pena llegir-lo.
¿Y si el problema fuera Madrid?
¿Y si el problema no fuera ni Catalunya ni España? ¿Y si el problema fuera Madrid? No Madrid como ciudad, ni como conjunto. Madrid como lugar donde una pequeña élite improductiva siente peligrar sus privilegios. La casa real, el corpus político, la ingente cantidad de funcionarios de alto rango, la cúpula militar, los miembros de los consejos asesores de las mayores compañías del país, la plana mayor de la judicatura, la conferencia episcopal, cortesanos mediadores e intermediarios con el poder…
Es una masa poblacional que no produce absolutamente nada, pero en cambio precisa de unos recursos enormes. Ese grupo, que es reducido comparativamente, acumula una gran cantidad de poder y de capital. Antaño, para sufragar los gastos de esa aristocracia indolente existían los diezmos, hoy los impuestos.
Porque la primera necesidad de ese grupo es su propia subsistencia. Esa élite es la que ha vivido y vive en una realidad paralela, donde las crisis son poco menos que fenómenos meteorológicos y donde Madrid es principio y fin de aquello que ellos entienden como España. Infraestructuras radiales, sobre estructuras alrededor de la capital que deben ser rescatadas, ejes del Atlántico o del Mediterráneo que deben pasar por Atocha, son muestras de lo que digo. No conciben modelo territorial que no rodee la Puerta del Sol, pero además han sido incapaces de generar un proyecto de Estado que aglutine a lo que ellos llaman periferia que cada vez más, es aquello más allá de la M-30.
El único objetivo común que han sido capaces de enhebrar es el odio hacía lo que ellos llaman los nacionalismos periféricos. Eso sí que lo han ejercido con maestría. La excusa ha sido que quieren romper España, pero en realidad es el miedo a su propia subsistencia. Para un habitante de buena parte del país es más dañino el mantenimiento de esas estructuras improductivas que la posibilidad de que el estado se fragmente.
Pero eso se ha ocultado de forma brillante. En realidad, hay capas sociales de esas periferias que han colaborado profusamente con esa élite, para conseguir su parte del pastel. Buena parte de la actual parálisis del procés se debe a que está en manos de esas élites locales colaboracionistas con el núcleo improductivo de la aristocracia (por llamarla de alguna forma).
Llevo tiempo pensando que, si conseguimos desarticular ese palco del Bernabéu, con sus sucedáneos locales, seremos capaces de articular un espacio habitable. Si no es así, la única opción es huir. Cuando se habla de federalismo, que ha sido mi opción durante muchos años, se ignora esa realidad. Sin el desmantelamiento de la élite improductiva alrededor de la villa y corte, no es posible un cambio de modelo territorial. Y creo que incluso para los indepes debería ser una lucha prioritaria. La izquierda estatal debería darse cuenta que con la lacra de todos esos vividores, es imposible, cualquier avance.
Hoy por hoy, me parece que una buena herramienta de producir ese cambio y de expulsar a esa élite extractiva que vive del resto, es el proceso de independencia, no por ninguna cuestión identitaria simplemente porque España, con su actual modelo de epicentro único, no sobrevive sin Catalunya, de ahí su resistencia.
Si el 20% del PIB estatal desaparece España tendrá que cambiar de modelo de gestión, sí o sí. Eso sin olvidar que no podemos dejar el proceso en manos de los colaboracionistas que siempre han sido lacayos advenedizos de ese núcleo.
Creo que España estará más cerca del federalismo con un cisma independentista que sin él. Pero si alguien me convence de que hay un proyecto para acabar con esa élite extractiva, improductiva e hipercentralista, me alisto ya mismo.
Estic convençut que és així. Molt ben explicat. Crec que és instructiu per als indepes, però sobretot, per persones que potser no volen la independència de Catalunya. LLEGIU-LO i sobretot, PASSEU-LO